Un reloj automático es un reloj mecánico que se da cuerda solo. Dentro no hay pila ni circuito: toda la energía viene de tu muñeca y se guarda en un muelle. Entender cómo pasa de una cosa a otra ayuda a leer las fichas, porque casi todos los datos que comparamos salen de alguna de estas piezas.
Del rotor al muelle real
En la parte de atrás del calibre hay un rotor, una pieza de metal con forma de media luna que gira libremente cada vez que mueves el brazo. Unos engranajes convierten ese giro en cuerda para el muelle real, una lámina de acero enrollada dentro de un tambor llamado barrilete. Con el muelle tenso, el reloj sigue funcionando aunque te lo quites: esa autonomía es la reserva de marcha.
Muchos calibres permiten además dar cuerda girando la corona. Es la carga manual, útil para arrancar el reloj cuando se ha parado.
El escape y el volante
Si el muelle soltara su energía de golpe, el reloj se descargaría en segundos. Lo impide el escape, que la libera a pequeños impulsos regulares. El ritmo lo marca el volante, una rueda con una espiral muy fina que oscila adelante y atrás. Cada medio vaivén es una alternancia: a 21.600 alternancias por hora el segundero avanza seis pasos por segundo, y a 28.800, ocho. Es la frecuencia que aparece en las fichas.
Los rubíes son piedras sintéticas sobre las que giran los ejes de las ruedas para reducir el rozamiento. Un automático normal lleva entre 21 y 26.
Automático, carga manual y cuarzo
- Automático: mecánico, se carga solo con el movimiento. Se para si no lo llevas más horas de las que da su reserva y adelanta o atrasa unos segundos al día.
- Carga manual: el mismo mecanismo sin rotor. Hay que darle cuerda con la corona cada uno o dos días.
- Cuarzo: una pila hace vibrar un cristal de cuarzo 32.768 veces por segundo y un circuito cuenta las vibraciones. Es más preciso, más barato y más fino, pero depende de la pila.
¿Por qué elegir un automático? Porque no necesita pila, porque un buen calibre dura décadas con revisiones y porque el segundero se desliza en lugar de saltar cada segundo. ¿Por qué no? Si lo único que quieres es la hora exacta y olvidarte del reloj, un cuarzo lo hace mejor y cuesta menos.
Lo que las fichas cuentan de cada pieza
En cada ficha verás el calibre y quién lo fabrica, la reserva de marcha, la frecuencia y si tiene parada de segundero y carga manual. Para ver qué mecanismo lleva cada reloj, empieza por la página de calibres; si estás eligiendo el primero, por la guía para elegir.
